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viernes, 2 de septiembre de 2011

LAS HERNIAS DISCALES Y LA OSTEOPATÍA

          La hernia discal, tanto a nivel cervical como a nivel lumbar, se ha convertido en una patología muy frecuente. En este proceso el disco intervertebral está deteriorado, se agrieta y a través de esas grietas el núcleo central del disco se hernia. Al suceder esto el disco protuye a través de esas grietas. Lo más frecuente es que vaya en sentido posterolateral. En esa dirección se encuentra la salida de las raíces nerviosas y la hernia discal puede llegar a comprimirlas dando una sintomatología muy dolorosa.
          En casos de grandes hernias discales que generan una compresión nerviosa muy importante puede ser necesario recurrir a la cirugía. Pero en muchos casos la dimensione de la hernia discal permitiría aliviar los síntomas con un tratamiento conservador apropiado y con medidas de higiene postural por parte del paciente.


          La Osteopatía en estos casos suele obtener buenos resultados porque además de abordar el nivel que presenta la hernia trabajamos el cuerpo globalmente. Cuando un paciente presenta una lumbociatica intensa o una cervicobraquialgia y se le diagnóstica una hernia discal parece que ésta es la responsable del 100% del dolor. Sin embargo además de esa hernia discal puede haber otros factores que contribuyen a ese 100% del dolor. Dentro de una misma sesión de Osteopatía revisaríamos los siguientes puntos:
           -Tratamiento estructural suave de la zona de la hernia: técnicas funcionales y de partes blandas.
           -Tratamiento estructural del resto de la columna: técnicas manipulativas, funcionales, etc.
           -Tratamiento osteopático visceral: se revisa si la tensión en algún órgano interno está provocando dolor irradiado a la zona de la hernia, si es así se trata para evitar esta repercusión.
           -Tratamiento craneosacral: revisamos si existe algún bloqueo a este nivel que este generando un aumento de tensión sobre el raquis en cuyo caso lo liberamos.
           -Tratamiento de trayectos arteriovenosos: en ocasiones la compresión de estas zonas provoca dolor intenso que puede irradiar al raquis y confundirse con el dolor derivado de la hernia. Si detectamos que esto está sucediendo liberaremos la zona con técnicas de digitopresión arterial.
           Una vez que hemos revisado estos niveles es posible que el dolor haya disminuído de forma considerable. Si además contamos con un paciente implicado en su proceso de recuperación, que tiene en cuenta ciertas medidas de higiene postural y de actividad física apropiada es posible que el paso por el quirófano se pueda evitar.
          En casos graves es posible que la única salida sea la cirugía pero siempre merece la pena intentarlo. Si piensas intentarlo mejor hazlo antes de la cirugía pero si ya pasaste por ella y el problema sigue...todavía puedes comprobar que puede hacer la Osteopatía por ti.

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